Cómo sería moverse desde el jazz y las danzas populares latinoamericanas, cada cual por su lado, hacia un baile que los mezcla y reúne, los cruza, los pone en movimiento...
I. Bailares del jazz
Los recorridos de las palabras, nunca únicos, siempre entrecruzados, susurran los recorridos de las cosas... y ahí, en el inicio del siglo XX, el jazz como palabra lleva inscritos los distintos mundos que hasta hoy reúne en su musicalidad vital, emergente, fértil por lo heterogénea y compleja.
Algunas teorías remiten el término al béisbol estadounidense, donde aludía a la energía de la pelota, un temblor tan fuerte que parecía imposible de ser detenido, y provenía de la fuerza humana del jugador que bateaba. Acaso la infinita vibración de esa pelota y el hombre que la impulsaba quedó graficada en la doble z que prevaleció en la ortografía de la palabra, que al principio se deletreaba también jas o jass: un zumbido, una onda energética que sonaba más elocuente si se escribía jazz, o incluso jazzzzzzzzzzz....
Hay otras versiones sobre el origen del término. Una particularmente difundida lo vincula a la población negra de los Estados Unidos, y más precisamente al grupo fanti, habitante del África occidental, en cuya lengua el jazz describiría el acto sexual, o lo relativo al amor. El amor: otro impulso incontenible e infinitamente enérgico, el mismo que, unas décadas antes, los gobiernos del sur estadounidense habían intentado reprimir, cuando prohibieron sin éxito el uso de instrumentos musicales a los esclavos negros de la región.
Como si allí, en el jazzzzzz musical, difundido hacia el mundo desde su surgimiento en la ciudad negra de New Orleans, resonaran juntos
la energía,
el movimiento,
el amor,
la mezcla imparable
de lo negro metido en lo blanco...
Como si todo eso bailáramos en el jazzzzzzz, jazzzzzzzzzzzzzzzzz, jazz jazz, jazzzzzzzzzzzzzzzz.....II. Bailares de lo latinoamericano popular
América Latina es muchas y también es una. Única por lo intrínsecamente diversa, singular por la historia que la reúne desde que, hubo una vez en un día de octubre, de afuera quisieron venir a expropiarla y matarla: fue en ese mismo momento que ella Latinoamérica y nosotros latinoamericanos empezamos a movernos para resistir.
Como lo escibió Galeano...: que movernos es, en los hechos, ser latinoamericanos.
Las danzas populares del subcontinente son fruto de esa enorme potencia de Latinoamérica que late a veces y explota otras, de la fuerza imbatible del estar -bailar- juntos, de la alegría de ocupar con un otro, que es siempre un distinto, un espacio unísono de música y danza. Un lugar que nos vuelve los cuerpos reunibles, encontrables, amables...
Las danzas populares latinoamericanas, ligadas más o menos directamente a los diversos géneros musicales populares que constituyeron históricamente el sonido humano de la región, son muchas, y también son una. Muchas, no solo por la multiplicidad de bailes populares existentes en cada uno de los países y las subregiones de Latinoamérica -en la Argentina, por ejemplo, cohabitan el tango y todos los ritmos agrupados bajo el rótulo de "folklore"-, sino también porque en cada uno de esos bailes convergen las diversas filiaciones culturales: lo originario-indígena, lo negro y lo europeo, que configuran, mezcladas, nuestra particular identidad.III. Un bailar singular: latinoamericano, jazzero, popular
El proyecto, un bailar singular, es de reunión: reunión entre la(s) música(s) y la(s) danza(s) que, cada cual por su parte, como estilos en su interior complejos, llevan en sí lo popular latinoamericano y lo jazzero, y reunión de nosotros, bailarines y músicos -porque nuestros mismos cuerpos vibran, resuenan-, bajo el deseo compartido de compartir una belleza en movimiento.
El proyecto busca socavar la noción de lo "puro", instalada en la danza institucional por la persistente dominancia del paradigma racionalista clásico, pero también en la cultura, sostenida por la vigencia de la noción de raza. Intenta, por la contra, un movimiento reunido y reuniente, que yuxtapone dinámicas diversas, básicamente, las del jazz y las danzas populares latinoamericanas, pero además las mezcla, las cruza, las entreteje... Da forma, de esa forma, a un bailar que se nos parece, por lo mestizo.
El proyecto quiere romper las jerarquías vigentes de catalogación, autoritarismo, jefatura sobre los cuerpos, porque, como sabemos mucho en Latinoamérica, cualquiera en sexo, edad, posición socioeconómica, altura, peso, contextura física, es capaz de querer bailar. Así se devela la mentira del cuerpo “capacitado”, “especializado” y “virtuoso" como "mejor bailarín" que el cuerpo "común". Mentira que impone ordenamientos jerárquicos -de dominación-, los que, al volvernos desiguales, impiden que bailemos juntos: eso que real, únicamente, es el movimiento, bailar juntos.
El proyecto no cree en la distancia tajante entre "artistas", por un lado, y "público espectador", por otro, bien representada en el tradicional escenario allá arriba y lejos, siempre intocable, estanco. Aquí, todo artista es un poco público porque, igual que este, vive; así como todo público es un poco artista, porque es capaz de hacer belleza. Porque no existe, sin él, la belleza del artista.
Por eso, el proyecto no solo baila al ras del mismo suelo que habitan los espectadores, sino también los invita a bailar, a poner en movimiento el deseo de bailar que un memorable espectáculo de danza tiene que ocasionar en el público.
Por eso mismo, parte de la coreografía como acuerdo colectivo de un posible bailar juntos, para derivar luego en la improvisación: momento típico del jazz y de las danzas populares, donde eso imprevisible y desconocido que incluye el encuentro con el otro nos hace iguales a artistas y público en un no-saber, una indecibilidad de lo que se viene que, si seguimos moviéndonos, podrá siempre devenir esperanza.
El proyecto baila juntos: revoca la ferocidad del individualismo y la competencia imperantes sobre la vida, incluso sobre algunas manifestaciones de la danza institucional, para remover la potencia feliz que nace del encuentro con los otros. Así yo, individualidad danzante, soy “estrella” solo en mi constelación del baile de todos, porque existe un fondo oscuro, lo distinto, que hace posible que brille. En lugar de sobresalir, soy una belleza singular porque me muevo al lado de otros singulares a quienes brindo mi peculiar belleza, en quienes amo su peculiar belleza. Soy una manera. Bailo en un plural de diferentes.
El proyecto confía en los liderazgos como momentos requeridos por la persistencia, el engrandecimiento y la potenciación de los quehaceres que se hacen juntos, incluido el baile. Sostiene, a la vez, el dinamismo de lo juntos que hace a tales quehaceres. Así, si hoy yo lidero este baile, es asumiendo el deseo de compartir con todos ustedes, mis compañeros de baile, una singular belleza de mi cuerpo: porque confío en que ella –yo- y las bellezas “propias” de ustedes –ustedes-, que confían en mí, pueden ser, juntas, más bellas, más felices. Hoy les señalo movimientos como trayectorias posibles hacia una alegría compartida. Mañana, liderarán otro y otro, vos y vos y vos y vos, y cada cual nos pondrá a mover con, nos conmoverá con, su peculiar ser bello. Y habrá varios muchos líderes, y de todos ellos habrá la belleza... Y habrá los choques, acaso, arriesgados en poner a moverse tantas, tan distintas bellezas...
El proyecto se larga a correr un riesgo.
El proyecto es una reparación de la tristeza de ese cuerpo maltratado por la disciplina impuesta sobre el arte de la danza, y también, aun como magro parche sobre una deuda histórica, todavía por saldar, la tristeza de los cuerpos mansillados del pueblo, que encarnan ahí en su herida la manifestación de la injusticia social. Por eso, es una convocatoria al bailar alegres. Porque la alegría del pueblo, de todos, es nuestra potencia: un calor, una verdad posible, una multitudinaria belleza...
El proyecto baila en cualquier parte. Porque es latinoamericano y popular, invade Latinoamérica toda y no solo sus espacios “propiamente escénicos”: interrumpe las calles, escala las montañas, ondula con el mar y el río. Un poco siempre a contramano, cuesta arriba, contra la corriente.
El proyecto es siempre un por ahora, un proyecto. Hoy y mañana se mueve como presente a la vez que como futuro, porque solo se termina cuando, en realidad, empieza: cuando por todas las partes de aquí, de allá y de mi abuela también, pueda bailarse con alegría. Así, tiene por bailar mucho por delante, esa alegría del bailar de todos... Así nunca se realiza, siempre fantasea... no se depura, se sigue mezclando... no se afinca, está en movimiento...